viernes, 23 de septiembre de 2011

Primer práctico de modo con correcciones incorporadas




Hay que ver:
1.       Qué tipo de subordinada es. Yo agregaría antes que una vez determinado el modo se considere si el verbo en cuestión se encuentra en una oración independiente o en una subordinada. Si está en una subordinada es necesario determinar de qué tipo de subordinada se trata.
2.       Cuál elemento provoca la aparición del subjuntivo. En general trabajamos con el subjuntivo, pero podría tratarse también del indicativo. De tratarse de una oración subordinada sustantiva partimos de la suposición de que existe un elemento que rige o induce (NGLE-Manual) la aparición de un determinado modo en la subordinada. En el caso de las subordinadas adverbiales, en general, hay que reparar en la conjunción, adverbio relativo o locución conjuntiva que la encabece. Las oraciones de relativo, que en general pueden tener el verbo en uno u otro modo, presentan un contexto que habilita una determinada lectura del SN y eso será lo que haya que observar.
3.       Si puede alternarse el subjuntivo por el indicativo. Pensando un poco en la discusión del otro día, me parece que en este aspecto es fundamental señalar (1) si el cambio de un modo por otro es imposible (el resultado es una secuencia agramatical o, por lo menos, no es la forma que acepta la norma), (2)si el cambio puede hacerse alterando algún elemento contextual o (3) si, en el mismo contexto, se produce un cambio en la interpretación (caso, por ejemplo, de la especificidad o no del SN en el caso de las relativas).

1.       …y después bajó, lento y oscuro, repasando lo que había preparado para decir cuando le abrieran.

La forma en subjuntivo “abrieran” nuclea la oración subordinada adverbial encabezada por el adverbio relativo “cuando” que funciona como A.C. de tiempo del infinitivo “decir” que es el término de la preposición “para”. A su vez, la estructura “para decir cuando le abrieran” funciona como A.C. de finalidad de la forma compuesta “había preparado”.
El verbo núcleo de una oración subordinada adverbial encabezada por “cuando” puede aparecer tanto en modo indicativo como en subjuntivo. El subjuntivo se presenta ante la imposibilidad de que en una oración de este tipo aparezcan formas de futuro de indicativo o de condicional. Por tanto, si en el contexto (la construcción en la que se encuentra inserta la subordinada con “cuando”) se encuentran elementos de valor prospectivo y la oración subordinada ha de interpretarse del mismo modo llevará subjuntivo.
De hecho, la aparición del subjuntivo está dada por la idea de futuridad expresada en el infinitivo, que es el verbo en potencia y por la presencia del relativo “cuando” que, cuando aparece combinado con un elemento que aporte valor prospectivo, exige el subjuntivo. Además, la preposición “para” también tiene un contenido prospectivo, (en el sentido de que la idea de finalidad muchas veces se relaciona con un propósito que se proyecta hacia el futuro) ya que en el caso de tener sujetos divergentes se podría sustituir la construcción de infinitivo por una oración con flexión. Esta oración debe llevar el modo subjuntivo porque así lo exige la preposición “para”: “para que dijera”. En otras palabras, el valor de finalidad de “para” y el infinitivo establecen un contexto de valor prospectivo, el “decir” se interpreta como posterior al “preparar”.
En este caso, si se alterna el modo (“para decir cuando le abrieron”) la secuencia resultante no es imposible, pero no correspondería a la situación planteada en el texto, puesto que supone que el personaje estaba repasando lo que había preparado en el momento en que le abrieron.

2.       …y él siguió inmóvil, (…) temeroso de que si trataba de insistir no lo recibieran.

Aquí hay una sustantivación de una construcción condicional que, por lo tanto, funciona como término de la preposición “de”, la cual establece una conexión entre el adjetivo “temeroso” y la oración subordinada. En este caso, si la oración condicional fuese una independiente, el subjuntivo, que se encuentra en la apódosis, desaparecería: “Si trataba de insistir, no lo recibirían”. Por lo tanto, se entiende que el elemento regente se encuentra fuera de la construcción o período condicional; ya que, se puede suprimir la prótasis sin afectar la obligatoriedad de la aparición del subjuntivo: “temeroso de que no lo recibieran / *recibirían”. Además, cabe destacar que si se realiza la paráfrasis del adjetivo “temeroso” con el sustantivo “tenía el temor de que” o con el verbo “temer”, el subjuntivo sigue siendo obligatorio, ya que se trata siempre de afección / temor, que es uno de los significados que induce el subjuntivo.


3.       Del otro lado llegaba un quejido apenas perceptible, como si alguien rezara en voz baja o llorara bajo el agua.

La forma “llorara” nuclea la estructura “llorara bajo el agua” que está coordinada con “alguien rezara bajo el agua”. Por lo tanto, ambas estructuras (oraciones subordinadas adverbiales que funcionan como A.C. de modo) comparten el elemento rector “como si”. La locución conjuntiva “como si” conjuga el valor hipotético de “si” y el valor comparativo de “como”. La construcción, globalmente, presenta un valor modal; y el subjuntivo es obligatorio en las oraciones encabezadas por la misma. Por otra parte, la alternancia con el indicativo no sería posible: * “como si alguien rezaba en voz baja o lloraba bajo el agua”.


4.       Salí. No me hablés.

                La forma “hablés” aparece en una oración independiente, por lo que, para Bello, este caso es de modo subjuntivo optativo. En efecto, “son formas optativas o del Modo optativo las subjuntivas comunes que se emplean en proposiciones independientes para significar un deseo positivo o negativo…”: “Deseo que no me hablés”. Parece que las formas del subjuntivo optativo vinieran del griego. De hecho, en griego existía un modo (con característica flexivas particulares) llamado optativo que, entre otros usos, servía a la expresión del deseo.
                Por otra parte, cuando el otro debe cumplir el deseo, como sucede en este caso, se trata de lo que llamamos tradicionalmente imperativo. Las formas imperativas tienen ciertas características que han hecho que se lo considerara otro modo: aparecen exclusivamente en oraciones independientes, no pueden ser negadas y llevan con los clíticos pospuestos. Por ello, cuando las formas imperativas no son suficientes para expresar la segunda persona como en el caso de la negación, el deseo es expresado en modo subjuntivo. En este caso, si se alterna con el indicativo, la estructura no queda agramatical, pero pierde claramente su contenido imperativo ya que se interpreta como asertiva: “No me hablás”.

                                                                  

5.       Vieras lo que fue hoy.

                En este caso, puede interpretarse que se encuentra un “si” supuesto que encabezaría la prótasis “si vieras” de una oración condicional contrafáctica o condicional irreal. Por lo tanto, se propone un período condicional trunco (sin apódosis) del tipo que, según Bello, supone una negación implícita. En esta clase de construcciones lo presentado en la prótasis no ocurrió o no ocurre. En este caso “si vieras (hubieras visto) lo que fue…” supone que no lo viste. Las condicionales de este tipo llevan el subjuntivo en la prótasis.
                 Por otra parte, lo más correcto hubiera sido decir “si hubieras visto”, ya que se trata de un hecho pasado y no presente. De hecho, es muy común en el habla coloquial respetar el uso del modo subjuntivo, pero se pone mal la forma (ya que se elije el presente en lugar del imperfecto).


                6 y 7. (Es tan  raro) que hayas venido, (es tan raro) que yo llegue y vos…

                Aquí las estructuras nucleadas por la formas en subjuntivo (“que hayas venido” y “que yo llegue”) son oraciones subordinadas sustantivas que funcionan como S.L. Por su parte, están conexos gracias a al verbo copulativo “es” a un adjetivo predicativo con verbo copulativo explícito “raro” que tiene “tan” como adyacente. Lo que provoca la aparición del subjuntivo es el atributo “raro” que sirve a la expresión de un juicio o una valoración sobre el hecho de que “haya venido”. Por otra parte, el subjuntivo es obligatorio, i.e. no se admite la alternancia con el indicativo ya que se trata de un predicado de valoración: *“Es raro que has venido, que yo llego…”


                8. Pero no me hagas caso.

                La forma “hagas” aparece en una oración independiente, por lo que, para Bello, este caso es de modo subjuntivo optativo. En efecto, “son formas optativas o del Modo optativo las subjuntivas comunes que se emplean en proposiciones independientes para significar un deseo positivo o negativo…”: “Deseo que no me hagas caso”. Parece que las formas del subjuntivo optativo vinieran del griego. De hecho, en griego existía un modo (con característica flexivas particulares) llamado optativo que, entre otros usos, servía a la expresión del deseo.
                Por otra parte, cuando el otro debe cumplirlo, como sucede en este caso, se trata de lo que llamamos tradicionalmente imperativo. Las formas imperativas tienen ciertas características que han hecho que se lo considerara otro modo: aparecen exclusivamente en oraciones independientes, no pueden ser negadas y llevan con los clíticos pospuestos. Por ello, cuando no son suficientes para expresar la segunda persona como en el caso de la negación, el deseo es expresado en modo subjuntivo. En este caso, si se alterna con el indicativo, la estructura no queda agramatical, pero pierde claramente su contenido imperativo ya que se interpreta como asertiva: “Pero no me hacés caso”.


                9. Me alegra tanto que viniste.

                En este ejemplo aparece una forma de indicativo donde esperaríamos el subjuntivo. Esto es así porque “viniste” forma parte de una oración subordinada sustantiva que funciona como sujeto de “alegra” que es un verbo de afección (NGLE-Manual) o emoción (Bello). Estos predicados exigen el subjuntivo en la subordinada aunque en ellas se “afirme indirectamente”. Esto es, que “viniste”, efectivamente, y eso “me alegra”.  Lo que se dice en la subordinada no es ni posible ni dudoso, es un hecho evidente que constituye información vieja, dada. Lo nuevo, el aporte es “me alegra”, que constituye un juicio de valor.
                Sin embargo, el uso del indicativo se daría porque el enunciado es emitido por un personaje que tendría poca instrucción, ya que el nivel de habla que se registra a lo largo del texto es muy coloquial. Como ya se vio, se da una alternancia entre subjuntivo e indicativo, aunque normativamente se preferiría aquel.

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